El detenido/a es una persona que al ser privado de su libertad física también es privado de sus hábitos y costumbres y que por consecuencia, ADQUIERE OTRAS.
De esto debemos entender que cada interno es único en valores morales y sociales, único en su nivel cultural, único en su estracción social y único en su relacionamiento con su familia y con su entorno. Aunque de hecho, muchas personas ingresan a la cárcel por el mismo delito. Por tanto, el único denominador común que tienen entre si, es que han cometido delitos similares. También es importante reconocer que en la cárcel opera e impera un “modus vivendi” que determina las conductas y comportamientos de los individuos, como de los grupos. Y ese invisible “código de honor” no debemos ignorarlo para tener resultados mas efectivos. De la experiencia vivida en cautiverio hemos visto que las iglesias han aceptado que a las reuniones dentro de los muros, solo participen aquellos internos que carecen de “peso” dentro del ámbito carcelario, y muchas veces se han nutrido de la “clase social” mas despreciada de la población reclusa.
Ejemplo: los que estan por violaciones, especialmente de niñas y o niños, o los que estan bajo medidas de seguridad por delatores, o por haber sido funcionario policial o militar; y aquellos que se hubieran relacionado con mujeres de los que estaban entre rejas. Es obvio que el Evangelio es para “toda criatura” y no estamos diciendo que estos grupos estan fuera del perdón de Dios, solo que si ganamos a los “duros”, ganamos el resto. Recordemos a Niky Cruz.
Por lo que hemos expuesto debemos saber que NO TODOS en principio se acercarán a Dios, aunque concurran a las reuniones que organicemos, y es bueno saber algunas cosas que no son acertadas, aunque se cometa el erro repetirlas.
A SABER:
1. Se nos aconseja que hermanas jóvenes concurran a las reuniones dentro de los muros. Algunas iglesias consideran que de esta manera atraen mas concurrencia. Y eso es cierto, pero no son atraídos por Dios. Por otra parte, y como ya lo hemos considerado, de acuerdo a los valores éticos y de educación de cada uno, podemos estar siendo de instrumentos del diablo, al no tener cuidado en este detalle.
2. Detectar si hay otras denominaciones trabajando en la cárcel y establecer contacto con ellas, a los efectos de dejar en claro que nuestra intención es dar un testimonio de impacto. Y en caso de establecer alianzas evangelísticas, el fruto será repartido en función de las zonas de residencias.
3. He podido comprobar que hemos hipotecado nuestra energía y recursos a los internos, dejando de lado el flanco más importante como lo son los familiares. Para ello hay una tarea que deberá asumir la iglesia incluyendo ahora si, a hermanas especialmente, para no despertar en los internos sentimientos de celos o susceptibilidades. Visitando, aconsejando, apoyando, animando y encausando hacia la conversión. De esta manera, el interno recibirá por parte de la iglesia, como también por parte de su propia familia. (Evangelismo Pionero entre otros metodos).
4. También hemos podido comprobar que es menester que las autorizaciones obtenidas de parte de las autoridades carcelarias, sean por escrito, y de ser posible por oficio, para evitar que ante cambios funcionariales, sean removidas nuestras autorizaciones.
5. No debemos establecer contacto con los internos, dando la sensación de perjuicio, miedo, o verter conceptos que provoquen situaciones dificiles. Es mejor hablar poco, escuchar mucho, y declarar para cada problema, la Palabra de Dios. Los varones deben ser hombres maduros, especialmente. No prometer lo que no vayamos a cumplir. (Ecl 5:1,6)
6. Dentro de la sicología del recluso, distorcionada por una auto imagen deformada, se dan reacciones diversas. En su mayoría, estan abandonados por sus familiares, ya sea por desamor o por cansancio y desgaste. Entonces se vuelven simuladores con tal de obtener algún beneficio, y aprovecharán cada oportunidad de conseguir algo de nosotros. Debemos ser muy sabios en esto. Y esto se acentúa en aquellos lugares donde concurren representantes de la iglesia católica, con sus ya conocidas obras sociales que no hacen más que crear en los detenidos un espíritu de dependencia y mendicidad.
7. Si bien estaremos ofreciendo una “traducción” del lenguaje carcelario, es importante que, ante cada palabra desconocida para nosotros, interrumpamos lo que estemos diciendo nosotros u otros, y pidamos que nos aclaren lo expresado. Es sumamente importante que ellos sepan que no somos tontos, ni ingenuos y que estamos allí prestándole un servicio a Dios, por la misericordia de Dios para con nosotros.
8. No debemos descuidar el hecho acontecido en nuestra propia experiencia, en el sentido de que cada testimonio efectivo por parte de los detenidos, muchos guardia cárceles se han convertido al Evangelio como es comprobable dentro del ministerio UNIFORMADOS CRISTIANOS.
9. Busquemos elementos de educación cristiana mediante publicaciones, videos, películas y o representaciones que alimenten el tiempo de reclusión y edifican el crecimiento de los creyentes. También se aconsejaría proporcionar material sobre manualidades y artesanías para que ellos realicen, como terapia y como medios de cultivar en ellos, aptitudes para el trabajo honesto. El apoyo en esta área, sería muy productivo, de ser posible.
10.¿Cómo ministramos a los familiares de los detenidos?
Debemos diferenciar GEOGRAFICAMENTE, esto es, por zonas. En el interior del país la familia del detenido (siempre hay excepciones) es muy diferente a la familia de los detenidos de la Capital. En el interior, la familia recibe la situación desde tres aspectos que afectan su vida y su hogar:
EN LO ECONÓMICO, EN LO ANÍMICO, EN LO ESPIRITUAL.
En lo económico vemos que el detenido (por lo general son mas hombres que mujeres) es quien representa la única entrada de dinero. Eso dificulta a la esposa o familia a concurrir a visitar al detenido. También se cae a veces en la búsqueda de dinero en forma poco digna. No se consigue abogado particular por la propia situación. Y por regla general los familiares se sienten heridos por la opinión de los demás.
En lo anímico la primera reacción es de aturdimiento, desorientación y en muchos casos, desconocimiento absoluto de los trámites a seguir. El estado de animo producido por el desequilibrio en lo económico, contribuye a desestabilizar emocionalmente a la familia. Sin olvidarnos de lo afectivo y de la interrelación entre los componentes del núcleo familiar.
En lo espiritual afecta la voluntad y genera la falta de motivación. Afecta la esperanza, la confianza, y puede llevar a actos egoístas como el abandono, incluso el suicidio. Frecuentemente se recurre a psicofármacos y o estimulantes que anulen el problema, es decir, lo adormecen. También se recurre al alcohol. Por nuestra cultura, podemos afirmar que es en los momentos de crisis en donde se apela a la consulta con brujos, adivinos, etc.
La importancia de que la Iglesia local se involucre en el proyecto, tiene aquí su principal fundamento, pues el trabajo con el detenido/a lo realiza una parte de la Iglesia, mientras que el trabajo con los familiares lo puede realizar toda la Iglesia en su conjunto. Mientras que al detenido se lo puede ver según la autoriación de las autoridades, a la familia la tenemos a disposición de nuestra capacidad de captación.
Por lo que en el área material si bien la Iglesia no está obligada a realizar filantropia, puede crear un fondo (a través de bonos colaboradores, jornadas de comidas, tortas fritas, campaña de recolección de objetos en desuso, organizar festivales cristianos con pago de un kilogramo de comestible, al igual que proyección de videos o películas, solicitud de ayuda solidaria, etc.) y atender los casos mas carenciados, estableciendo un rango de asistencia y aprovechar para hablar sobre la mayordomía en el hogar.
En lo animico nuestro rol apuntará obviamente a animar y a fortalecer, aconsejar. Convocar a reuniones especiales en el templo o instalaciones a esos efectos, en donde buscar asosorar en cuanto a los trámites ante abogados, autoridades, etc. Orar por las necesidades y que las personas reciban el respaldo AFECTIVO de los hermanos.
Y en lo espiritual no perder la oportunidad de evangelizar, guiar a Cristo, invitar a las reuniones en el temple, procurar participar en los horarios de visita con los internos/as para que la familia toda acepte a Jesús como su Salvador.
Y será de gran importancia la consejería pastoral en caso de que el Pastor disponga de tiempo, y si hay hermanos que lo apoyen en esa area, mucho mejor.
Debemos hacernos a la idea que como Iglesia nuestra actividad es la de estar al lado de los necesitados, y esto no se debe tomar como un activismo religioso sino como un acto de amor por los perdidos.
El Amor de Dios a través de los hermanos, impactó mi vida y me abrió la puerta al reino de Jesús en la tierra.
ATENCIÓN: LAS CARCELES DE LA CAPITAL y del area metropolitana, DEBEN RECIBIR UN TRATAMIENTO DIFERENTE. Del que se hablará en los talleres a impartirse en las Iglesias.